La Guerra de las Vidrieras

Me llegan dos desagradables noticias (aún sin confirmar del todo) desde la tierra de las flores de la luz y del amor, que impiden que dedique mi entrada de hoy a las nominaciones a los GAYVN AWARDS, que tendrán que esperar a mañana.

Pero es que el asunto es grave.

1. La Plataforma
SALVEMOS LAS VIDRIERAS ha perdido su batalla contra la especulación decorativa y el desafortunado isabelpreyslerismo imperante.

LOS PIKITONIS ESTÁN DESTRUYENDO LA PRECIOSA VIDRIERA QUE DOTA DE LUZ A LA SERPENTEANTE ESCALERA QUE VERTEBRA SU MANSIÓN.



Podrían haber quitado la barandilla de madera que provocaba pesadillas al primer interiorista que contrataron pero no, al final, y como si de una salvaje venganza contra los deseos de gran parte de sus amigos y de Mamá Ocarina (la suegra) se tratara, han decidido
DESTRUIR la vidriera.

Visto lo visto, no nos va a quedar más remedio que inventarnos una nueva historia para aprovechar la futura decoración en otra teleserie de amor y lujo.


Y esto no ha sido todo...


2. Me comenta Eric (clic) que

HAN CERRADO LA GUERRA


El local de ambiente más emblemático de la capital del Turia, situado en la calle Quart, a espaldas de las torres, ha sido convertido en un pafeto heterorrible.

La entrada en
La Guerra daba respeto. Nada más atravesar sus puertas sentías cómo eras escudriñado desde arriba: el entresuelo estaba abierto al bar de la planta baja, y tras las barreras, como si de encerrados en jaulas se tratara, los cazadores nocturnos andaban al acecho.

Ay de ti si pretendías subir a dicho entresuelo nada más entrar. No. Primero había que consumir en la barra. El cubata era rellenado con refresco de litro, pagabas y ya eras libre. Aunque totalmente
AYOR, porque las escaleras de subida no tenían barandilla alguna.

Tras en entresuelo subían un par de escaleras a los pisos superiores. Una en plan
Belén Rueda se lo pasa teta en el Orfanato, que daba vueltas y más vueltas. Y la otra un poco más recta. A lo largo de sus cuatro pisos se escondían distintos recovecos oscuros en los que más valía no acercar la mano a la pared por lo que de pringoso te pudieras encontrar.

Un piso más arriba estaba la pista de baile. Siempre vacía. Y los servicios, con ventanita panorámica hacia dicha pista.

Encima, la sala de audiovisuales, con filas de butacas de madera como en un cine antiguo y proyección en baja fidelidad de los vhs más rebobinados del planeta. Esta sala tenía sus minicuartos laterales, algunos con más luz que otros, y nadie decía ni mu, dando el resultado de un ambiente cuasi eclesiástico.

Para finalizar, el último piso era el paraíso de los "enciendemecheros", un chas chas constante iluminaba esporádicamente los rincones, agujeros y paredes de la boca de lobo más temible del universo: El
laberinto, que no siempre estuvo abierto.


Grandes Relatos:

Fue precisamente en la sala de cine de La Guerra donde entré, a principios de los 90 (yo era un crío, claaaaaaaro) a
MI PRIMER CUARTO OSCURO.

Póngase aquí fanfarria de peli de miedo.

Iba, cómo no, con mi querido amigo Papatoni y estábamos los dos como pasamarotes viendo los bonitos audiovisuales panorámicos cuando nos acercamos a una puertecita lateral de la que entraban y salían... hombres.

Decidimos armarnos de valor y aventurarnos en lo desconocido.
Tras discutir sobre quién entraba primero, me tocó a mí (gallina). Nos aproximamos a la puerta sin caer en la cuenta de que una vez dentro los ojos se te acostumbran y los que estuvieran dentro estarían viéndonos y preguntándose que qué estaríamos haciendo.

Entré, coloqué mi mano en la pared (sí, ya sé, qué asca) y mi amigo me siguió. Llegué hasta la esquina y nos detuvimos (lógico). Pregunté por lo bajinis que qué hacíamos ahora. Y no hicimos nada.

Hasta que PPToni me dijo: "
Oye, que alguien me ha tocado".

Inmediatamente nos agarramos de la mano y salimos corriendo como locas colegialas a toda prisa de allí. No puedo asegurar que no pegáramos un grito, hace tantos siglos de aquello que no lo recuerdo.

Fin de los Grandes Relatos


Por favor, decidme que Eric se ha equivocado y que no han cerrado este selecto y elegante local de entretenimiento. Que era otra Guerra, que los Tonis no han roto las vidrieras, que no está todo perdido, que Rita no ha triunfado en su campaña de cerrarlo todo, que Nati, Cuca e Isabel no imponen sus estilo decorativo, que... ains, que lloro.

Blog Widget by LinkWithin